Determinar con precisión la previsión de cargas en una instalación eléctrica de baja tensión no es un simple trámite administrativo. Es la decisión técnica que condiciona el dimensionado de la Línea General de Alimentación (LGA), la Caja General de Protección, las derivaciones individuales y, en última instancia, la seguridad y funcionalidad del suministro durante décadas. La ITC-BT-10 del REBT proporciona el marco normativo, pero aplicarlo con criterio exige comprender tanto la letra del reglamento como la lógica física y estadística que lo sustenta.
Un cálculo deficiente por exceso dispara los costes de instalación de forma innecesaria, con secciones de cobre sobredimensionadas y protecciones desproporcionadas. Uno por defecto es aún más peligroso: disparos intempestivos del interruptor general, caídas de tensión inadmisibles o, en el peor de los casos, sobrecalentamientos que comprometen la integridad de la instalación. Por eso, este artículo aborda la previsión de potencia desde sus fundamentos normativos hasta los criterios prácticos que permiten proyectar una instalación ampliable, eficiente y conforme al REBT.
Abordaremos el grado de electrificación de las viviendas, el manejo del coeficiente de simultaneidad según el número de suministros, la integración de los servicios generales, los locales comerciales y la infraestructura de recarga de vehículos eléctricos, prestando especial atención a los factores de corrección que exigen otras ITC complementarias y a las estrategias de diseño que evitan reformas costosas cuando la demanda energética del edificio evolucione.
El REBT clasifica las viviendas en dos escalones de electrificación que determinan la potencia mínima que debe preverse en proyecto. Esta clasificación no es una mera etiqueta, sino que condiciona el número de circuitos interiores, el calibre del Interruptor General Automático (IGA) y la sección de la derivación individual. La electrificación básica se asigna a viviendas con demandas energéticas convencionales: iluminación, electrodomésticos de uso común y climatización no eléctrica. Su potencia mínima reglamentaria es de 5.750 W a 230 V, lo que equivale a un IGA de 25 A.
La electrificación elevada es obligatoria cuando se superan determinados umbrales de superficie o equipamiento. La ITC-BT-25 la exige, entre otros supuestos, cuando la superficie útil de la vivienda excede los 160 m², cuando se prevén sistemas de calefacción eléctrica o aire acondicionado, cuando se instala recarga de vehículo eléctrico en viviendas unifamiliares, o cuando el número de puntos de utilización de alumbrado supera los 30 y las tomas de corriente de uso general las 20. La potencia mínima aquí asciende a 9.200 W, con un IGA de 40 A, aunque puede escalarse a valores superiores si la carga real lo exige.
En suministros monofásicos a 230 V, la potencia prevista está directamente vinculada al calibre del IGA que se instalará en el Cuadro General de Mando y Protección (CGMP). La relación es inmediata: P = 230 V × In. Los escalones estandarizados en viviendas son los siguientes:
Cuando la previsión de potencia supera los 14.490 W, el suministro monofásico resulta inviable y es obligatorio solicitar a la distribuidora un suministro trifásico a 400 V. La ITC-BT-10 es taxativa al respecto: las empresas distribuidoras están obligadas a facilitar el suministro monofásico hasta ese umbral, pero no más allá, para evitar desequilibrios excesivos entre fases en la red de distribución.
Conviene no confundir la potencia prevista en proyecto con la potencia contratada por el usuario. La primera es la capacidad técnica máxima para la que se dimensionan los conductores y las protecciones; la segunda es la que el titular formaliza con la comercializadora y puede ser igual o inferior a la prevista. Esta distinción es crucial para asesorar correctamente al promotor: una instalación dimensionada con holgura permitirá ampliar la potencia contratada en el futuro sin necesidad de reformas, algo especialmente valioso en viviendas unifamiliares donde la electrificación tiende a crecer con el tiempo (aerotermia, piscina, segundo vehículo eléctrico).
Sumar aritméticamente las potencias de todas las viviendas de un edificio conduciría a un dimensionado absurdamente sobredimensionado de la LGA y del centro de transformación. La realidad es que no todos los hogares consumen su potencia máxima simultáneamente: los hábitos de uso, los horarios laborales y la diversidad de equipos hacen que la demanda coincidente sea mucho menor que la suma de las demandas individuales. Para modelar este fenómeno, la ITC-BT-10 introduce el coeficiente de simultaneidad (CS), un factor reductor que depende del número de viviendas conectadas a la misma línea.
El coeficiente de simultaneidad no es una conjetura, sino un valor estadístico tabulado en el reglamento a partir de estudios de demanda real. Para edificios de 1 a 3 viviendas, el CS coincide con el número de viviendas (1, 2 o 3), lo que equivale a no aplicar reducción. A partir de 4 viviendas el coeficiente crece de forma amortiguada: 3,8 para 4 viviendas, 7,8 para 9, 12,5 para 16, y 15,3 para 21 viviendas. Para edificios con más de 21 viviendas, la fórmula es CS = 15,3 + (n – 21) × 0,5, donde n es el número total de viviendas.
| Nº de Viviendas (n) | Coeficiente de Simultaneidad (CS) |
|---|---|
| 1 | 1 |
| 2 | 2 |
| 3 | 3 |
| 4 | 3,8 |
| 5 | 4,6 |
| 6 | 5,4 |
| 7 | 6,2 |
| 8 | 7,0 |
| 9 | 7,8 |
| 10 | 8,5 |
| 11 | 9,2 |
| 12 | 9,9 |
| 13 | 10,6 |
| 14 | 11,3 |
| 15 | 11,9 |
| 16 | 12,5 |
| 17 | 13,1 |
| 18 | 13,7 |
| 19 | 14,3 |
| 20 | 14,8 |
| 21 | 15,3 |
| n > 21 | 15,3 + (n – 21) × 0,5 |
Cuando todas las viviendas del edificio tienen la misma potencia prevista, el cálculo es directo: PV = CS × Pvivienda. Por ejemplo, en un bloque de 20 viviendas con electrificación básica (5.750 W), el CS es 14,8, por lo que la potencia simultánea del conjunto será 14,8 × 5.750 = 85.100 W.
Si coexisten viviendas con distinto grado de electrificación (por ejemplo, 10 viviendas básicas y 6 elevadas), la ITC-BT-10 exige calcular la potencia media aritmética de todas ellas y multiplicarla por el CS correspondiente al número total de viviendas. En el ejemplo anterior, Pmedia = (10 × 5.750 + 6 × 9.200) / 16 = 7.062,5 W. Con CS = 12,5, la potencia simultánea total sería 12,5 × 7.062,5 = 88.281 W.
La ITC-BT-10 introduce una excepción relevante: cuando el edificio utiliza sistemas de calefacción eléctrica o agua caliente sanitaria por acumulación con tarifa de discriminación horaria, el coeficiente de simultaneidad para estos receptores debe ser CS = 1. La razón es que todos los acumuladores se cargan simultáneamente durante el periodo nocturno, por lo que su potencia debe sumarse íntegramente a la previsión del edificio sin aplicar reducción.
La potencia total prevista de un edificio destinado principalmente a viviendas se obtiene sumando las cargas de todos los bloques funcionales que lo componen. La expresión canónica según la ITC-BT-10 es:
PT = PV + PSG + PLC + PG + PVE, donde cada término representa:
Esta suma no admite coeficientes de simultaneidad adicionales: cada bloque se calcula con sus propias reglas y se suma de forma directa. El resultado es el valor que debe utilizarse para dimensionar la Línea General de Alimentación y para solicitar la acometida a la empresa distribuidora.
La carga correspondiente a los servicios generales se calcula sin aplicar ningún factor de reducción por simultaneidad (CS = 1). Se suman las potencias de todos los equipos comunitarios: ascensores, montacargas, grupos de presión de agua, centrales de calor y frío, ventiladores de presurización de escaleras, cuadros de telecomunicaciones (RITI) y alumbrado de portales, cajas de escalera y espacios comunes.
Para el alumbrado de zonas comunes, si se desconoce la potencia exacta de las luminarias, la guía técnica de la ITC-BT-10 proporciona valores orientativos por metro cuadrado. Para portales y espacios comunes se estiman 15 W/m² con lámparas incandescentes (hoy en desuso) y 8 W/m² con tecnología fluorescente o LED. Para cajas de escalera, los valores son 7 W/m² y 4 W/m² respectivamente. Aunque estas cifras son aproximaciones, resultan útiles en fases iniciales de proyecto cuando no se dispone del diseño lumínico definitivo.
El REBT establece coeficientes de mayoración para determinados receptores que deben aplicarse al dimensionar las secciones de los conductores. Para la previsión de cargas, la ITC-BT-10 no los exige de forma explícita, pero la práctica profesional aconseja incorporarlos para dotar a la instalación de un margen de seguridad razonable:
Si no se conoce la potencia exacta de los ascensores, la Norma Tecnológica de la Edificación (NTE-ITA) ofrece valores de referencia. Por ejemplo, un ascensor ITA-3 para 630 kg y 8 personas tiene una potencia típica de 11,5 kW, que con el coeficiente 1,3 se convierte en 14,95 kW de previsión.
Junto a los ascensores y el alumbrado, los servicios generales incluyen otros equipos que a menudo se omiten en cálculos apresurados: los grupos de presión de agua sanitaria, las bombas de achique en fosos de ascensor, los ventiladores de extracción de garajes con ventilación forzada, los cuadros de amplificación de televisión y telefonía (RITI), y los sistemas de apertura automatizada de puertas de acceso. Cada uno de estos receptores debe incorporarse a la suma de PSG con su potencia nominal o, en el caso de motores, con el factor de mayoración correspondiente.
Para locales comerciales y oficinas situados en edificios de viviendas, la ITC-BT-10 establece una densidad de potencia mínima de 100 W por metro cuadrado y planta, con un mínimo absoluto por local de 3.450 W a 230 V y un coeficiente de simultaneidad igual a 1. Esto significa que, aunque un local tenga una superficie muy reducida (por ejemplo, 20 m²), la previsión no podrá ser inferior a 3.450 W, lo que equivale a un IGA de 15 A o 25 A.
Cuando la previsión real de potencia del local es conocida (por ejemplo, porque el futuro inquilino ha declarado sus necesidades de maquinaria o climatización), se utilizará el valor real si este supera los mínimos normativos. En caso contrario, la previsión mínima de 100 W/m² actúa como red de seguridad para evitar instalaciones subdimensionadas que luego requerirían costosas reformas.
La carga correspondiente a los garajes se calcula con una densidad de 10 W/m² si disponen de ventilación natural y de 20 W/m² si la ventilación es forzada, con un mínimo de 3.450 W y CS = 1. Estos valores cubren el alumbrado y los sistemas de extracción de monóxido de carbono, pero no incluyen la recarga de vehículos eléctricos, que se calcula aparte según la ITC-BT-52.
La ITC-BT-52 exige prever una potencia para recarga de vehículos eléctricos equivalente a 3.680 W por el 10% del total de plazas de aparcamiento construidas. A esta potencia se le aplica un factor de simultaneidad que depende de si la instalación cuenta con un Sistema de Protección de la Línea General de Alimentación (SPL). Si el SPL está presente, el factor es 0,3; si no lo está, el factor es 1, lo que implica sumar la totalidad de la potencia prevista para los puntos de recarga.
El SPL es un elemento de gestión inteligente de la carga que monitoriza la corriente de la LGA y, cuando detecta un riesgo de sobrecarga, reduce temporalmente la potencia destinada a los puntos de recarga o desconecta cargas no prioritarias. Su instalación, aunque no es obligatoria hoy, permite reducir significativamente la potencia total prevista del edificio y, con ello, la sección de la LGA y el coste de la acometida. En un escenario de electrificación masiva del parque automovilístico, el SPL se perfila como una solución de futuro para evitar reformas estructurales en la red de distribución.
En una vivienda unifamiliar, la previsión de cargas no se rige por la tabla de simultaneidad colectiva de la ITC-BT-10, sino por un análisis individualizado de la demanda máxima coincidente. El proyectista debe identificar los receptores de mayor potencia (aerotermia, cocina de inducción, horno, piscina climatizada, punto de recarga de vehículo eléctrico) y estimar cuáles pueden funcionar simultáneamente en el escenario más desfavorable. Si la suma de esas potencias supera el mínimo reglamentario del grado de electrificación correspondiente, la instalación debe dimensionarse para la potencia real calculada.
La combinación de autoconsumo fotovoltaico y recarga de vehículo eléctrico introduce una variable adicional: la generación solar diurna puede cubrir una parte sustancial de la demanda del punto de recarga, reduciendo la potencia simultánea que realmente se solicita a la red. Sin embargo, la previsión de cargas debe realizarse considerando el caso más desfavorable, que suele ser una noche de invierno con calefacción eléctrica funcionando y el vehículo enchufado. Por eso, aunque el autoconsumo mejore la eficiencia energética y reduzca la factura, no debe utilizarse como argumento para reducir la previsión de potencia por debajo de los mínimos reglamentarios.
Además, se recomienda instalar un cargador inteligente que module la velocidad de carga en función de la potencia disponible en la vivienda, evitando así que el IGA dispare cuando coincidan varios electrodomésticos de alta potencia. Esta estrategia, combinada con una previsión de cargas bien dimensionada, permite disfrutar de una instalación ampliable y eficiente sin necesidad de reformas futuras.
Calcular la previsión de cargas de una vivienda o edificio es como planificar la capacidad de una autopista: no se dimensiona para que todos los coches circulen al mismo tiempo a máxima velocidad, pero sí para que el tráfico fluya sin atascos en las horas punta. El REBT establece unas reglas mínimas que garantizan que la instalación eléctrica de su hogar o comunidad de vecinos no se quede corta cuando más la necesita. Si su vivienda supera los 160 m², tiene calefacción eléctrica, aire acondicionado o un punto de recarga para coche eléctrico, necesitará una electrificación elevada con un interruptor general de al menos 40 A.
Si está promoviendo un edificio o rehabilitando uno existente, no escatime en la previsión de potencia. Una instalación dimensionada con holgura permite añadir en el futuro nuevos equipos sin necesidad de cambiar los cables de la acometida ni los cuadros eléctricos. La diferencia de coste entre una previsión ajustada y una ligeramente sobredimensionada es pequeña en comparación con el coste de una reforma eléctrica integral. Y si su edificio tiene garaje, no olvide incluir la previsión para la recarga de vehículos eléctricos: aunque hoy no tenga coche eléctrico, es muy probable que en los próximos años varios vecinos lo adquieran.
La correcta aplicación de la ITC-BT-10 exige un dominio preciso de los coeficientes de simultaneidad y de las reglas de ponderación para edificios con viviendas de distinta electrificación. El error más frecuente en proyectos de baja tensión es aplicar el CS a la suma total de potencias en lugar de a la potencia media, lo que conduce a un sobredimensionado innecesario de la LGA. El segundo error habitual es omitir los factores de corrección de la ITC-BT-47 (motores y ascensores) y la ITC-BT-44 (lámparas de descarga) en la previsión de servicios generales, lo que puede dejar la instalación al límite de su capacidad real.
Para la infraestructura de recarga de vehículos eléctricos, la decisión de instalar o no un SPL tiene implicaciones económicas y técnicas de primer orden. Con SPL, el factor de simultaneidad de 0,3 reduce drásticamente la potencia prevista y, por tanto, la sección de la LGA y el coste de la acometida. Sin SPL, el factor es 1 y la previsión se dispara, pero la instalación gana en simplicidad y en capacidad de respuesta ante una demanda de recarga imprevista. La elección debe valorarse en función del número de plazas, de la tipología del edificio y de la previsión de penetración del vehículo eléctrico en el corto y medio plazo.
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